martes. 28.05.2024
HISTORIAS DE VECINOS

Fukushima, 10 años: la historia de afecto y reencuentro de una familia de Florencio Varela que atravesó el terremoto, tsunami y accidente nuclear en Japón

  • Este 11 de marzo se cumple una década de la tragedia de Fukushima, el triple desastre ocurrido en Japón: terremoto, tsunami e incidente nuclear con fuga de radiación.
  • Como la catástrofe tuvo incidencia en la vida de una familia de Florencio Varela que hoy cuenta su historia marcada por la elección hacia los afectos más cercanos.
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Flavio Yamashiro y su hija e hijo en Japón, en un montaje fotográfico sobre una imagen de Tokio, antes del triple desastre que azotó al país.

“El terremoto fue terrible. Nunca viví algo así”, dijo Flavio Yamashiro que todavía recuerda el miedo que sintió ese día.

11 de marzo de 2011. El reloj marcaba las 11.08 minutos en Japón, poco antes del almuerzo, cuando una extraña sensación de mareo y vértigo lo sorprendió entre las máquinas de la fábrica donde trabajaba.

No asumió que algo grave había pasado hasta que miró a su alrededor y vio a sus compañeros, también en sus puestos de trabajo, sacudirse, perdiendo la estabilidad. Algunos boca arriba. Caídos en el piso.

SALTO SALVADOR. “Yo salté por la ventana y salí a la calle. Mis compañeros me siguieron desesperados. Otros salieron gateando. Los autos se sacudían. Fue algo que nunca viví”, dijo el hombre de 48 años, a una década de la triple catástrofe que devastó Japón.

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EL DESASTRE. Triple catástrofe. Así quedó denominado aquel 11 de marzo de 2011 cuando un terremoto de magnitud 9,1 grados en la escala de Richter, generó a su vez un tsunami descomunal con olas de hasta 14 metros de altura en las costas del Océano Pacífico, que desencadenó el colapso de los reactores de la central nuclear de Fukushima Daiichi, que a su vez originó una fuga de radiación.

Ese accidente nuclear fue catalogado de nivel 7, al igual que el ocurrido en Chernóbil en 1986. Y el desastre natural causó la muerte de 18.500 personas. Y todavía 2.500 siguen oficialmente desaparecidas.

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TIEMPO. La familia de Flavio Yamashiro (foto) hacía dos años se había instalado en Japón cuando ocurrió la tragedia más grande de ese país, hecho que les marcó el destino de aquel tiempo.

La difícil decisión de dejar Florencio Varela, a la familia, los afectos, amigos y costumbres, tenía detrás un proyecto familiar que implicaba vivir en ese país al menos unos 15 años.

“Esto que pasó sí que me marcó. Ni hablar. Cuando fue el terremoto nosotros estábamos recién organizando una vida en Japón. Hacía poco habíamos podido conseguir el departamento que estábamos buscando, recién habíamos comprado un auto”, recordó Flavio que junto a su esposa, una hija y un hijo -en ese momento de 3 y 13 años- vivían en Fujioka, prefectura de Gunma a unos 500 kilómetros del epicentro del terremoto, ocurrido en la costa de Honshu, 130 km al este de Sendai, en la prefectura de Miyagi. El país, tras el desastre, estaba sumido el caos. 

RETORNO ANTE EL CAOS. En medio de la desesperación e incertidumbre causada por la catástrofe junto con la crisis nuclear que se extendió durante semanas hasta que la situación de los reactores de Fukushima fue controlada, la esposa y los hijos de Flavio volvieron de urgencia a Florencio Varela en un vuelo de repatriados, buscando una salida ante la tragedia.

Eran días, semanas, de ciudades colmadas de una nube espesa de color indefinido, que cubrían el cielo e impedía el paso de los rayos del sol. El temor a la exposición a la radiación estaba latente. Aunque, a diez años de la fuga radiactiva, expertos de la ONU afirman que radiación de Fukushima no traerá efectos negativos sobre la salud.

"El cielo estaba extraño. Muy raro. Era una como una neblina", recordó Flavio sobre ese fenómeno que se expandió por gran parte del país luego de la crisis nuclear.

DESPEDIDA. “Fue muy fuerte. Yo los vi subirse al avión cuando volvieron a Florencio Varela. Los despedí y me quedé solo un año en Japón trabajando para saldar todos los compromisos que habíamos asumido para vivir allá”, dijo Flavio a Cuatro Medios.

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La familia ya había pasado por ese trance cuando había decidido instalarse en Japón. Flavio había viajado solo para poder organizar la estadía de su familia en el país.

DOLOR, SEPARACIÓN. “Con esta tragedia del 2011, nosotros nos separamos dos veces. Cuando fuimos a Japón, porque yo primero fui solo y después pudieron venir ellos. En ese momento mi hija tenía ocho meses. Un año lejos de mi esposa, de mis hijos. Yo lloraba todos los días. Estaba laburando y lloraba porque los extrañaba. Es muy feo separarse”, recordó conmovido.

“La segunda vez fue cuando pasó el terremoto y el tsunami y ellos volvieron a Varela. Verlos pasar una puerta en un aeropuerto es horrible. Pero esa vez yo pensé que volvíamos a estar juntos en Japón. Finalmente los afectos pudieron más y hoy estamos todos juntos y muy felices acá en Florencio Varela”, dijo.

LOS AFECTOS. "Mi hijo estaba feliz acá. En mi vida, los afectos me mueven mucho. Y eso lo siento y valoro mucho, por eso somos felices estando todos cerca, en Varela. Aunque también Japón me encanta. Es un lugar distinto al resto del planeta", resaltó.

NUEVA VIDA. Hoy Flavio tiene un emprendimiento de carpintería en La Capilla que se llama Mundo Madera, en el que fabrica y vende muebles a medida que comercializa a través de Facebook. En esa zona rural de Florencio Varela también vive con su familia desde el regreso de Japón.

Inmediatamente al regresar de Japón, trabajó como decorador en el Club San Luis de avenida Senzabello y en el local Pepona de Varela Centro.

"Estoy eternamente agradecido al vasco Gustavo Landecheverry dueño de San Luis y a José Lemme de Pepona, que me ofrecieron siempre una mano para ayudarme a salir adelante, dándome trabajo y brindándome las oportunidades", señaló. 

"Hoy alquilo una casa. No pudimos cumplir ese sueño de la casa propia por la que habíamos hecho ese enorme esfuerzo de ir Japón para luego estabilizarnos en Florencio Varela, pero seguimos adelante trabajando para cumplirlo", resaltó Flavio. 

En este tiempo de pandemia, el reencuentro y permanecer en contacto tomó un valor más significativo como nunca antes. Y eso también lo resaltó el varelense.

INSEPARABLES. "Creo que en estos momentos, viendo lo que pasamos, no nos vamos a separar más de la familia. Estamos más unidos que nunca. Eso es algo que, reitero, yo valoro mucho", cerró el vecino. 

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